Compartiremos contigo hoy un artículo que fue publicado por el diario La Gaceta de Ecuador, donde se comenta la incidencia que tienen los alimentos que consumimos en la forma en que encaramos nuestras jornadas y, sobre todo, el rendimiento que tendremos en ellas.El artículo comienza recordando la importancia de mantener una dieta equilibrada pero también hace mención de lo difícil que resulta esto con el estilo de vida que llevamos actualmente, los hábitos que traemos de la infancia y los “gustos” que desarrollamos por determinados alimentos y el rechazo por otros. Repasemos entonces brevemente algunos hábitos alimenticios:
- Consumo elevado de productos animales, con alto contenido de grasas saturadas.
- Exceso de sal en los alimentos.
- Consumo excesivo de azúcares blancos.
- Consumo de tóxicos en grandes cantidades (alcohol, tabaco, drogas, etc.)
- Bajo consumo de frutas frescas, cereales y fibras.
- Alta ingesta de productos químicos.
Todo esto, además de ser lo opuesto a llevar una dieta balanceada, con el paso del tiempo produce: hipertensión arterial (debido al alto consumo de sal), diabetes (por consumir azúcar), cánceres digestivos por poca fibra en la dieta, toxemias diversas (enfermedades nerviosas y degenerativas) e infartos.
Es normal que el caos que se va produciendo al abusar en el consumo de determinado alimento no sea atendido hasta que se encuentra en un estado muy avanzado, es decir, cuando las actividades habituales del individuo empiezan a verse afectados.
Por ese motivo, es bueno tener presente que el ser humano, en todas las etapas de su vida, deben llevar una dieta saludable, donde se incluyan alimentos que le den la energía necesaria para vivir adecuadamente. Una dieta balanceada debería incluir agua, proteínas, carbohidratos, aceites y grasas, vitaminas, minerales y oligoelementos.
El 70 por ciento de nuestra masa corporal compone la parte líquida de la sangre, en la que se efectúa el metabolismo y el transporte de nutrientes.
Las proteínas conforman tejidos y contribuyen a la creación de anticuerpos en la sangre, pero el abuso, sobre todo de las de origen animal, produce obesidad.
Los carbohidratos, por su parte, son la fuente principal de energía. Se aconseja consumir cereales integrales y no azúcares blancos y golosinas. Los aceites y grasas ayudan a la formación de hormonas: son recomendados los de origen vegetal para evitar el aumento de colesterol.
Las vitaminas se encuentran en frutas y verduras crudas, pues la cocción las deteriora.
Por último, los minerales y oligoelementos (minerales y vitaminas juntos en un sólo alimento), intervienen en los procesos metabólicos celulares.
Además de esto, debemos mencionar el consumo de verduras de hoja verde oscura, por su alto contenido de hierro, que favorece la creación de glóbulos rojos y la oxigenación celular.