Mucho hablar de la dieta mediterránea, de repetir hasta la saciedad sus virtudes para la salud, pero los hechos demuestran que esta dieta alimenticia, basada en las frutas y verduras frescas, las legumbres, el aceite de oliva, el pescado o el vino, está en decadencia precisamente en las zonas mediterráneas que la vieron nacer.Son datos de la propia FAO, la organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Desde hace al menos 45 años ha decaído la dieta mediterránea "y se encuentra en estado moribundo" en su propia área, donde hoy se supren más que en otras partes problemas de sobrepeso y obesidad, por la ingestión excesiva de grasas y otros alimentos muy poco 'mediterráneos'.
Un estudio del economista Joseg Schmidhuber, de la propia FAO, destaca que la dieta mediterránea tiene seguidores en todo el mundo, pero "es cada vez más ignorada en las regiones donde se originó".
Mientras diversas autonomías españolas, como la valenciana y la murciana, hacen esfuerzos por encumbrar la dieta mediterránea en ámbitos oficiales, llegando a intentar declararla patrimonio de la humanidad, la triste realidad es que prima en todo esto más que nada el nominalismo, porque la población se aleja de comer al estilo 'mediterráneo' y prima la comida rápida, industrializada, en muchos aspectos la 'comida basura'.
El informe de Schmidhuber fue presentado en un seminario organizado recientemente por el "California Mediterranean Consortium", formado por siete instituciones académicas estadounidenses y europeas para el seguimiento de los productos mediterráneos en el mercado mundial. Como se ve, todo son esfuerzos por reflotar las virtudes alimenticias perdidas.
En este sentido, la UE prepara planes para suministrar frutas gratis en los colegios, con una dotación presupuestaria de 90 millones de euros. Se quieren atajar problemas presentes y futuros de salud e impera el criterio de que saldrá más barato prevenir ahora que intentar curar luego.
Frente a la dieta mediterránea, "ensalzada por los expertos por mantener a la gente delgada, saludable y longeva", según el citado informe, la población a orillas del Mediterráneo ha utilizado sus mayores ingresos para sumar una "gran cantidad de calorías" procedentes de carnes y grasas a una dieta que tradicionalmente era pobre en proteínas animales.
El mayor consumo de calorías y un menor gasto de las mismas han hecho que Grecia sea hoy el país de la UE con la media más alta de índice de masa corporal, y tres cuartas partes de los griegos tienen sobrepeso o son obesos.
Más de la mitad de los italianos, españoles y portugueses sufren igualmente de sobrepeso, al tiempo que se ha producido un notable incremento de calorías y carga glicémica en las dietas de los residentes del norte de África y Oriente Medio.
El informe señala que ninguno de los países de la Unión Europa sigue la recomendación de que los lípidos no sobrepasen el 30% del total del aporte energético de la dieta.
Pero España, Grecia e Italia sobrepasan "ampliamente" este límite y se han convertido en los mayores "tragones" de grasas en Europa, agrega el estudio.
España es el país que ha registrado el mayor aumento, donde la grasa constituía tan solo el 25% de la dieta hace cuatro décadas, y ahora supone el 40%.
La creciente prosperidad de la población en Europa meridional, el norte de África y Oriente Medio "ha producido un rápido deterioro de sus hábitos alimentarios" y los alimentos que se consumen ahora son "demasiado grasos, demasiado salados y demasiado dulces".
Entre 1962 y 2002, la ingesta diaria de calorías en 15 países de Europa aumentó casi un 20%, de 2.960 kilocalorías a 3.340, pero en España, Grecia, Italia, Portugal, Chipre y Malta, "que inicialmente eran países más pobres que sus vecinos del norte, el aumento del consumo de calorías fue del 30%".
Schmidhuber atribuye este cambio en los hábitos alimentarios a la mayor renta, pero también al desarrollo de los supermercados, los cambios en los sistemas de distribución de alimentos, a que las mujeres trabajadoras tengan menos tiempo para cocinar y la costumbre de comer con mayor frecuencia fuera de casa.
Al mismo tiempo, las necesidades de calorías han disminuido, la gente realiza menos ejercicio y se ha pasado a un tipo de vida mucho mas sedentario.
Como nota positiva, el informe señala que la población mediterránea "consume ahora más frutas y verduras y más aceite de oliva".
Sin embargo, "en general no siguen la dieta que sus antepasados idearon y que diversos países de la región quieren ahora que se incluya en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO", agrega el informe de Schmidhuber.
Fuente: Las Provincias (España)