antioxidanteHay que revisar las recetas de la abuela para darles base científica

Romero, salvia, tomillo, ajo, cítricos, aceite de oliva, uvas, frambuesas, pescado azul, tomate, soja... Estos no son los ingredientes de la última creación gastronómica de Ferrán Adriá, son algunos de los alimentos con mayor contenido de antioxidantes que existen en la naturaleza. Unas sustancias principalmente conocidas por su efecto antienvejecimiento, pero que están resultando útiles en la lucha contra graves enfermedades.

Así lo explican Julián Castillo y Obdulio Benavente-García, bioquímicos e integrantes del equipo de investigadores de Nutrafur-Furfural Español, una empresa que, entre otros compuestos, fabrica extractos naturales ricos en antioxidantes para aplicarlos en alimentos funcionales, cosmética, cosmecéutica (cosmética en pastillas) y farmacología. Aunque de antemano advierten «los productos milagro hay que desterrarlos, la solución para cualquier patología pasa por una combinación de terapias».


Precisamente es sobre estas sustancias, los antioxidantes, sobre las que ambos bioquímicos imparten un curso en la Universidad de Medicina que comenzó el pasado martes y concluirá el 18 de diciembre. Ayer, charlaron con La Verdad para explicar en lenguaje llano las propiedades de estas sustancias y sus aplicaciones tanto en nutrición como en cosmética o salud.

La principal función de los antioxidantes, que también produce el cuerpo de forma natural, es evitar la oxidación (o envejecimiento) de las células para que no se deterioren. Aunque la ciencia lleva trabajando sobre ellos desde los años 50 del pasado siglo, no se ha profundizado en el proceso y las causas hasta hace relativamente pocos años.

Hoy sabemos que el origen de enfermedades cardiovasculares como los infartos es un proceso oxidativo provocado por los radicales libres -los enemigos de los antioxidantes, aclaran en lenguaje llano-. Lo mismo ocurre con las enfermedades degenerativas, más en concreto las neurodegenerativas (alzheimer, parkinson, demencia senil...), cuyo proceso inflamatorio está provocado por los radicales libres, así como con algunas enfermedades autoinmunes como la artritis. Es esta circunstancia la que ha animado la investigación científica en lo que al campo de la farmacología se refiere, aunque «está aún en los albores», advierten estos expertos, que esperan que algún día los antioxidantes puedan no sólo prevenir cánceres, infartos o alzheimer, sino curarlos.

La ciencia ha vuelto a la naturaleza, explican. «Se han dejado de sintetizar moléculas para extraerlas de la naturaleza y aplicarlas. Básicamente, la ciencia se está ocupando de revisar las recetas de la abuela para darle una base científica (conocer por qué y cómo funcionan) y encontrar cuáles son sus principios activos para aplicarlos», comentan.

Y, aunque son los artífices de muchos de los extractos utilizados en cosméticos y alimentos funcionales -aquellos que llevan compuestos añadidos (isoflavonas, prebióticos, omega3...)- no llaman a engaños. «La legislación actual es muy permisiva y aunque no se mate, permite que se engañe. La mayoría de los alimentos funcionales no llevan suficiente dosis como para resultar efectivos». Pero, para tranquilidad de sus usuarios, aseguran que una alimentación saludable contiene los suficientes antioxidantes como para que no se produzcan problemas en personas sin patologías añadidas. Por eso defienden la dieta mediterránea y la tranquilidad como las principales fuentes antienvejecimiento, por fuera y por dentro. Tanto es así que unas carcajadas antes de subir al avión o al coche evitan los mareos, ejemplifican.

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